El mundo de los materiales plásticos es muy joven y aun así ha logrado aportar valiosas soluciones a muchas de las necesidades de la humanidad, siendo utilizados ampliamente en la industria médica, farmacéutica, alimenticia, automotriz, entre otras. Esto ha sido posible gracias a las propiedades de las resinas, pues un artículo plástico puede ser a la vez resistente, liviano, flexible, reusable y reciclable.

Asimismo, se ha desarrollado toda una industria que incluye a productores de materias primas, fabricantes de maquinaria, diseñadores de productos, comercializadores y empresas de reciclaje. Según la última Encuesta Anual Manufacturera realizada por el Dane, la industria del plástico en Colombia genera 55.322 empleos, que corresponden a 7,8% de todo el personal ocupado por el sector industrial del país.

Es bien sabido que, por su composición química, el plástico tarda mucho tiempo en degradarse. Si a esto se le suma la falta de conciencia ambiental, evidenciada en la mala disposición de los residuos, se llega a la situación que actualmente está generando tanta polarización a nivel mundial: la satanización del plástico debido a la acumulación de residuos y su impacto ambiental.

Es fácil criticar la industria del plástico cuando aparece la imagen de algún animal marino enredado en una bolsa o cuando se muestran fotografías aéreas del “séptimo continente”, esa isla flotante de 3,5 millones de toneladas de residuos que navega por el Océano Pacífico. Ante estas deplorables situaciones, la conclusión “lógica” es que “el plástico es malo y hay que prohibirlo”. Para no ir más lejos, el alcalde de Santa Marta recientemente prohibió el plástico de un solo uso en ese municipio, y muchas otras ciudades están estudiando aplicar medidas similares.

Indudablemente hay una crisis y es lógico que surjan muchas iniciativas bienintencionadas, aunque desarticuladas, pues no incluyen a todos los actores de la cadena de valor. En estos casos, primero hay que identificar las verdaderas causas del problema antes de implementar cualquier medida. En ese sentido, la pregunta que se debe formular es: ¿Por qué están todos esos desechos plásticos ahí, cuando existe todo un sistema de separación, recolección y disposición de residuos?

Para enfrentar el problema, desde la industria han surgido muchas iniciativas que buscan mitigar el impacto de los residuos mal dispuestos por los consumidores, implementando desde el proceso de diseño el estudio de ciclo de vida del producto e incorporando los principios de la Economía Circular. También, la ciencia de los materiales ha logrado sintetizar resinas plásticas biodegradables a partir de materias primas vegetales.

Pero al final, el impacto de estos avances es mínimo si no cambia la cultura de las personas, pues la verdadera causa de tanta contaminación es la mala actitud frente al buen manejo y la disposición final de los residuos. La sociedad espera soluciones, pero olvida que muchas de ellas están en sus propias manos.

 

Fuente: LaRepublica

COLOMBIAPLAST  2020